Dos personalidades muy peculiares y contrastadas. Por un lado, el vibrafonista David Neerman, aficionado al slam o al post-jazz, e influenciado tanto por Morton Feldman como por Sonic Youth. Del otro, Lansiné Kouyaté, maestro del balafón y leyenda viva de la música maliense. Su encuentro en 2003 resultó en un flechazo musical y la impresión mutua de haber dado con un alma gemela artística.

El proyecto convertido en laboratorio de experimentación musical, entre la fusión y la jazzy world music, con toques afrobeat o dub, y una atmósfera post-exótica y contemporánea.

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